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Emanuel Swedenborg: el Científico que los Masones Adoptaron sin Pedirle Permiso
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Emanuel Swedenborg: el Científico que los Masones Adoptaron sin Pedirle Permiso

Escrito por:
La Redacción
En resumen
Swedenborg nunca fue masón, pero su huella en la masonería esotérica es tan profunda que existe un rito con su nombre. Científico sueco que a los cincuenta años dejó la ingeniería para describir el cielo con precisión topográfica, su doctrina de las correspondencias reformuló el simbolismo iniciático del siglo XVIII.

Hay algo desconcertante en el hecho de que uno de los pensadores más influyentes de la masonería esotérica del siglo XVIII nunca pisara, con toda probabilidad, una logia en su vida. Emanuel Swedenborg fue ingeniero de minas, matemático, anatomista, geólogo, y a partir de cierta edad, visionario de los cielos y los infiernos. Los masones le adoptaron después de muerto, incorporaron sus ideas a varios ritos esotéricos, y le convirtieron en referencia obligada de la corriente más espiritualizada de la fraternidad. Él no pidió permiso.

El ingeniero que medía el mundo

Emanuel Swedenborg nació en Estocolmo el 29 de enero de 1688, en el seno de una familia académica y religiosa. Su padre, Jesper Svedberg, era obispo luterano y profesor en Uppsala, lo que en la Suecia del siglo XVII equivaldría a pertenecer a la cúspide intelectual del país. Swedenborg estudió en Uppsala, viajó por Europa, y regresó con una formación científica que para su época era excepcional.

En 1716 fue nombrado assessor extraordinario de la Junta de Minas de Suecia, el organismo que supervisaba la industria minera del reino. Era un cargo técnico que combinaba ingeniería, geología y administración, y Swedenborg lo desempeñó durante más de tres décadas con una productividad asombrosa. Publicó trabajos sobre hierro y acero, sobre la manufactura del cobre, sobre la estructura de las minas y los métodos de extracción. Inventó proyectos de ingeniería que estaban, en ocasiones, varios decenios por delante de lo que la tecnología de su tiempo podía construir.

Paralelamente, publicó tratados sobre matemáticas, física, astronomía y anatomía. Su Opera Philosophica et Mineralia (1734) es un intento sistemático de explicar la naturaleza desde principios racionales, y anticipa conceptos que la física newtoniana tardaría en formalizar. No era un polímata diletante. Era un científico serio que tomaba en serio casi todo.

La crisis y el umbral

Hacia 1741, cuando tenía algo más de cincuenta años, Swedenborg comenzó a experimentar sueños y visiones de una intensidad inusual. No era la primera vez en la historia que un hombre de ciencias cruzaba hacia el otro lado, pero el caso de Swedenborg es particular porque él mismo documentó la transición con una meticulosidad que habría hecho las delicias de cualquier psicólogo contemporáneo. Su Diario de Sueños, redactado entre 1743 y 1744, registra con una franqueza asombrosa los estados alterados, las luces, las presencias, las voces que le decían que había sido elegido para revelar las verdades espirituales ocultas bajo la letra de las Escrituras.

En 1745, según su propio relato, tuvo una visión definitiva: Dios se le apareció y le encomendó la misión de escribir la doctrina espiritual de la Nueva Iglesia. A partir de ese momento, Swedenborg dedicó el resto de su vida, murió en 1772, a la redacción de una obra teológica de proporciones enciclopédicas. Abandonó los estudios científicos, presentó su dimisión al cargo de la Junta de Minas, y se consagró a lo que él consideraba una misión literal.

Sus contemporáneos no supieron exactamente qué hacer con él. Algunos le admiraban. Otros le temían. El filósofo Immanuel Kant le dedicó un opúsculo titulado Los sueños de un visionario explicados por los sueños de la metafísica (1766) que era, esencialmente, un ejercicio de incredulidad respetuosa. Kant pensaba que Swedenborg era un lunático de alta gama. No lo dijo exactamente así, pero casi.

Las correspondencias: una arquitectura del símbolo

El núcleo del sistema teológico de Swedenborg es lo que llamó la doctrina de las correspondencias. Según esta doctrina, cada elemento del mundo natural corresponde a una realidad espiritual de orden superior. El sol natural corresponde al Señor en el cielo espiritual. El calor corresponde al amor. La luz corresponde a la sabiduría. Las piedras, los metales, los animales, las plantas, todas las cosas que pueden tocarse tienen un equivalente en el mundo invisible. Esta arquitectura del símbolo guarda una relación profunda con el principio hermético que los masones conocen bien: como es arriba, es abajo.

Esta doctrina no era nueva. Tenía antecedentes en el neoplatonismo, en la cábala, en el hermetismo renacentista. Pero Swedenborg la sistematizó con una exhaustividad y un detalle que no tenían precedente. En su Arcana Coelestia (1749-1756), ocho volúmenes de análisis versículo por versículo del Génesis y el Éxodo, cada elemento del texto bíblico es interpretado según su significado espiritual. El arca de Noé no es un barco: es el estado interior del hombre en proceso de regeneración. El diluvio no fue agua: fue la inundación de doctrinas falsas que amenazó con sumir al género humano en la oscuridad.

Para los masones de la segunda mitad del siglo XVIII, que estaban construyendo sistemas de grados llenos de símbolos que necesitaban interpretación, la doctrina de las correspondencias de Swedenborg era una caja de herramientas extraordinaria. Ofrecía un método, un lenguaje, una manera de leer el mundo visible como si fuera un texto cuyo verdadero sentido estaba en otra parte. Que ese método fuera cristiano y no iniciático en sentido técnico era un detalle que los masones más creativos supieron resolver con facilidad.

Swedenborg y la masonería: una adopción sin permiso

No existe evidencia documentada de que Swedenborg fuera masón. Su nombre no aparece en las actas de ninguna logia conocida. En una época en que la masonería estaba creciendo con rapidez en toda Europa y en que muchos hombres de su clase y condición se afiliaban a logias, Swedenborg parece haber permanecido al margen. Puede que lo considerara incompatible con su misión teológica. Puede que sencillamente no le interesara. Los archivos no lo dicen.

Lo que sí está documentado es que sus ideas comenzaron a circular en ambientes masónicos poco después de su muerte, ocurrida en Londres el 29 de marzo de 1772. La Nueva Iglesia Jerusalemita, fundada por seguidores suyos en 1787, tuvo conexiones documentadas con círculos masónicos ingleses y escandinavos. Varios de sus miembros fundadores eran masones activos que encontraban en las correspondencias de Swedenborg una explicación satisfactoria del simbolismo de los grados que practicaban.

En Francia, donde la masonería de los altos grados estaba floreciendo con una exuberancia que escandalizaba a los puristas, las ideas de Swedenborg encontraron terreno fértil. La corriente martinista, que por esas mismas décadas estaba desarrollando formas de iniciación basadas en la regeneración espiritual del hombre, compartía con Swedenborg la idea de que el mundo visible es un texto cuyo sentido profundo solo se revela mediante la purificación interior. No eran la misma cosa, pero se reconocían.

El Rito Swedenborgiano

El momento en que la adopción se hizo institucional fue la creación del Rito de Swedenborg, también conocido como Rite Swedenborgien. El origen exacto de este rito es objeto de cierta disputa entre los historiadores masónicos, pero lo más probable es que se desarrollara en Francia a finales del siglo XVIII, posiblemente a partir de materiales que circulaban en los círculos de la masonería esotérica parisina.

El rito incorporaba la doctrina de las correspondencias como clave interpretativa de los símbolos masónicos. Cada grado, cada herramienta, cada alegoría del ritual clásico recibía una explicación que seguía el método swedenborgiano: esto que ves corresponde a aquello que no ves. El compás y la escuadra no son solo herramientas del arquitecto; son la representación visible de la tensión entre el principio espiritual y el principio material que constituye la condición humana.

El Rito de Swedenborg nunca alcanzó la extensión del Rito Escocés Antiguo y Aceptado ni la antigüedad reverenciada del Rito York, pero su influencia en la tradición esotérica masónica fue desproporcionada respecto a su tamaño. La idea de que los símbolos masónicos tienen un significado espiritual que trasciende la alegoría moral es hoy un lugar común de la masonería filosófica, y Swedenborg, vivo o muerto, consciente o inconsciente de su papel, contribuyó a que esa idea pareciera fundamentada.

El cielo y los infiernos como escenografía iniciática

Quizás el libro de Swedenborg que más influyó en la imaginación masónica fue Del Cielo y sus Maravillas y del Infierno, publicado en latín en 1758. En él, Swedenborg describe con una precisión casi topográfica los estados del alma después de la muerte: las sociedades angélicas organizadas según el grado de amor y sabiduría de sus miembros, los estados intermedios de purificación, los infiernos donde las almas que han optado por el mal encuentran el entorno que corresponde a su estado interior.

Para una tradición que organizaba sus grados en torno a la muerte simbólica y la resurrección, que hablaba del paso del Occidente al Oriente como metáfora de la transformación espiritual, el mapa del más allá que Swedenborg ofrecía era sugerente. No porque los masones creyeran necesariamente en sus visiones literales, sino porque el lenguaje de los grados y el lenguaje de Swedenborg hablaban de cosas parecidas con vocabularios que podían traducirse el uno al otro.

Una influencia que no pidió permiso

Hay algo que resulta apropiado en la relación entre Swedenborg y la masonería. Una tradición que basa buena parte de su identidad en la transmisión de conocimientos heredados y en el respeto a la autoridad de los grados adoptó al pensador más inclasificable del siglo XVIII sin que él lo pidiera, sin que pudiera consentirlo, y sin que la tradición necesitara su permiso para hacerlo.

Es el tipo de influencia más duradera: la que se ejerce sobre quienes no podemos controlar, a través de ideas que escapan a sus autores en cuanto son escritas. Swedenborg pasó los últimos treinta años de su vida convencido de que estaba escribiendo bajo dictado divino. Los masones del siglo siguiente leyeron esos escritos y vieron algo diferente. Ambas lecturas son, a su manera, correctas.

Murió en Londres el 29 de marzo de 1772, a los ochenta y cuatro años, sin haber pedido ningún grado masónico y sin haber necesitado ninguno. Las logias que llevan su nombre y los ritos que invocan su doctrina son su epitafio más extraño y, posiblemente, el más duradero.

Fuentes:

- Emanuel Swedenborg, Arcana Coelestia (8 vols., 1749-1756). La obra principal de su sistema teológico, imprescindible para entender la doctrina de las correspondencias en su forma más extensa.

- Emanuel Swedenborg, De Caelo et Ejus Mirabilibus et de Inferno (1758). Edición en castellano: Del Cielo y del Infierno, trad. Enrique Fernández, Hermandad Nueva Jerúsalem, Buenos Aires, 1946.

- Robert Rix, William Blake and the Cultures of Radical Christianity. Ashgate, 2007. Sobre la recepción de Swedenborg en el romanticismo y los círculos esotéricos ingleses de finales del siglo XVIII.

- Arthur Edward Waite, A New Encyclopaedia of Freemasonry. Rider and Co., 1921. El capítulo dedicado al Rito Swedenborgiano ofrece una descripción detallada de su estructura y origen, aunque con las limitaciones de la historiografía masónica de la época.

- Lars Bergquist, Swedenborg's Secret. Swedenborg Society, 2005. Biografía reciente que equilibra al Swedenborg científico con el Swedenborg visionario sin rendirse a ninguno de los dos.

Preguntas frecuentes

¿Era Swedenborg masón?

Casi con toda certeza, no. El nombre de Swedenborg no aparece en las actas de ninguna logia conocida. Su influencia en la masonería llegó de forma póstuma: sus ideas fueron adoptadas por círculos masónicos ingleses y franceses después de su muerte en 1772.

¿Qué es el Rito Swedenborgiano?

Un rito masónico desarrollado en Francia a finales del siglo XVIII que incorpora la doctrina de las correspondencias de Swedenborg como clave interpretativa de los símbolos masónicos. Cada herramienta y alegoría ritual recibe una explicación espiritual según el método swedenborgiano.

¿En qué consiste la doctrina de las correspondencias de Swedenborg?

En la idea de que cada elemento del mundo natural corresponde a una realidad espiritual superior: el sol corresponde a Dios, el calor al amor, la luz a la sabiduría. Es el mismo principio hermético del «como es arriba, es abajo», sistematizado con extraordinario detalle en su obra Arcana Coelestia.

¿Por qué influyó Swedenborg en la masonería si no era masón?

Porque su doctrina de las correspondencias ofreció a los masones del siglo XVIII un sistema preciso para dar sentido espiritual a los símbolos y rituales que practicaban. Los masones esotéricos necesitaban exactamente ese tipo de clave interpretativa, y Swedenborg la había construido sin pensar en ellos.