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Salomón Parte 3: La caída

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Salomón Parte 3: La caída

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Salomón Parte 3: La caída

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La Redacción

(Este artículo es la tercera y última parte de un tríptico sobre la figura del Rey Salomón, si no los has leído ya, puedes comenzar por Salomón Parte 1: El Salomón Bíblico. o Salomón Parte 2: El Salomón Mágico. )

Tras la culminación del Templo y la plenitud de su sabiduría, la tradición —tanto bíblica como apócrifa— sitúa a Salomón en un momento de quiebre. El relato canónico es claro: “el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras” (1 Reyes 11:1), y estas “inclinaron su corazón tras dioses ajenos” (1 Reyes 11:4). No se trata de un simple error moral, sino de una fractura del principio que sostenía su sabiduría.

El texto bíblico subraya que esta desviación provoca la retirada del favor divino: “Y se enojó YHWH contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de YHWH” (1 Reyes 11:9). El castigo no recae inmediatamente sobre el rey, sino que se proyecta hacia el futuro: la división del reino tras su muerte. Así, la caída de Salomón adquiere un carácter ejemplar y pedagógico.

La tradición profética posterior refuerza esta lectura. Siglos más tarde, Salomón es citado explícitamente como advertencia: “¿No pecó por esto Salomón rey de Israel?… aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras” (Nehemías 13:26). La memoria del rey sabio queda así inseparablemente unida a su transgresión.

En la literatura apócrifa —entendida aquí no como fantasiosa, sino como no incluida en el canon bíblico pero plenamente integrada en el estudio académico del judaísmo y del cristianismo antiguos, al mismo nivel que otros corpus como los manuscritos del Mar Muerto o la biblioteca de Nag Hammadi—, especialmente en el Testamento de Salomón, la caída adquiere una dimensión aún más simbólica. Allí se subraya una dualidad esencial: el poder de Salomón sobre los demonios no procede de una alianza con ellos, sino del nombre de Dios y de su beneplácito. Es precisamente la pérdida de esa relación —cuando el rey se aparta del Principio— lo que provoca la retirada de su autoridad espiritual.

De manera significativa, la desviación de Salomón no se produce en favor de los demonios que había dominado, sino en favor de dioses ajenos, introducidos por influencia de sus esposas extranjeras. Esta distinción es fundamental: el problema no es el trato con las fuerzas invisibles bajo mandato divino, sino la ruptura de la fidelidad a YHWH. El mensaje es inequívoco: el dominio de las fuerzas invisibles no garantiza la rectitud interior, y solo puede sostenerse mientras permanece anclado en la obediencia al Principio.

Las fuentes bíblicas son parcas en cuanto a los detalles de la muerte de Salomón. El relato canónico se limita a indicar que “durmió Salomón con sus padres” tras reinar cuarenta años en Jerusalén (cf. 1 Reyes 11:42–43). No se describe una muerte violenta ni un castigo inmediato, sino un final aparentemente sereno, aunque marcado por la consecuencia duradera de su caída: la división del reino en tiempos de su hijo Roboam. Esta sobriedad narrativa refuerza el carácter pedagógico del relato: el juicio no siempre se manifiesta en el instante, sino que se proyecta en el tiempo y en la obra inconclusa que deja el constructor.

Enseñanza iniciática y pedagogía masónica

Desde una lectura iniciática y pedagógica, la caída de Salomón no anula su grandeza, sino que la completa y la hace comprensible. En términos masónicos, el Maestro Constructor no es presentado como un ser infalible, sino como aquel que, habiendo recibido el don, debe permanecer fiel al Principio de forma constante. La rectitud no es un estado adquirido de una vez para siempre, sino una tarea cotidiana. El Templo puede levantarse con perfección, pero solo se conserva en pie mientras el constructor permanece fiel a la Ley que lo rige.

Así, Salomón se convierte en una advertencia viva para todo iniciado: el conocimiento, el poder y el favor recibido no dispensan de la vigilancia interior. Sin perseverancia, incluso la obra más perfecta puede ser profanada. De este modo, la figura de Salomón se alza no solo como modelo de sabiduría y poder, sino como recordatorio permanente de la responsabilidad que acompaña a todo verdadero progreso espiritual.

Fuentes y referencias

  • Biblia, 1 Reyes, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares. Traducción: Biblia Hebrea (Tanaj) y Biblia de Jerusalén (ed. Desclée de Brouwer).
  • Flavio Josefo, Antigüedades judías, Libro VIII.
  • McCown, C. C., The Testament of Solomon, Leipzig, 1922.
  • Charlesworth, J. H. (ed.), The Old Testament Pseudepigrapha, Vol. 1, Yale University Press, 1983.
  • Peterson, J., The Lesser Key of Solomon, Weiser Books, 2001.
  • Davies, O., Grimoires: A History of Magic Books, Oxford University Press, 2009.
  • Wikipedia, entradas: “Testament of Solomon”, “Clavicula Salomonis”.