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Salomón Parte 2: El Salomón Mágico

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Salomón Parte 2: El Salomón Mágico

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Salomón Parte 2: El Salomón Mágico

Escrito por:
La Redacción

(Este artículo es parte de un tríptico y continuación de Salomón Parte 1: El Salomón Bíblico. Si no lo has leído aún, puedes comenzar por ahí. )

A partir del cambio de era, la imagen de Salomón se amplía notablemente. Fuentes judías y grecorromanas comienzan a atribuirle un poder específico: el dominio sobre los demonios. El historiador judío Flavio Josefo, escribiendo en el siglo I d.C., afirma que Salomón compuso conjuros y métodos de exorcismo, y relata incluso haber presenciado un exorcismo realizado mediante un anillo que portaba el sello del rey.

Este detalle es crucial, pues introduce uno de los símbolos más persistentes de la tradición salomónica: el anillo o sello de Salomón, instrumento mediante el cual el rey podía someter a los espíritus rebeldes. Con el tiempo, este símbolo se diversificará en múltiples formas —pentagramas, hexagramas, nombres divinos— hasta cristalizar en los grimorios medievales.

El Testamento de Salomón: entre mito y grimorio

El texto clave para comprender esta tradición es el Testamento de Salomón, una obra compuesta entre los siglos I y IV d.C., conservada en griego y atribuida pseudepigráficamente al rey. Este escrito se sitúa en un terreno ambiguo: no es solo una narración legendaria, sino tampoco un manual mágico puro, sino una síntesis de ambos géneros.

En el Testamento, Salomón recibe de manos del arcángel Miguel un anillo con un sello divino que le permite someter a los demonios. Uno por uno, estos espíritus son interrogados: revelan sus nombres, funciones, influencias astrológicas y las enfermedades o males que provocan en los hombres. Tras ello, son obligados a colaborar en la construcción del Templo de Jerusalén.

Aquí encontramos un motivo profundamente simbólico: las fuerzas caóticas son dominadas y puestas al servicio del Orden (Ordo ab Chao), un principio que resonará con especial fuerza en la simbología masónica del Rito Escocés, más allá de los primeros tres grados.

Astrología, demonología y herencias egipcias

El Testamento de Salomón refleja un cosmos densamente poblado de entidades espirituales. Demonios asociados a los planetas, al Zodiaco y a los vientos muestran una clara influencia de la astrología helenística y de la magia greco-egipcia. No es casual que listas demonológicas similares aparezcan en los Papiros Mágicos Griegos y en los cuencos de encantamiento mesopotámicos.

Este mezcla de tradiciones religiosas y culturales evidencia que la figura de Salomón fue adoptada y reinterpretada por judíos, cristianos, paganos y, más tarde, musulmanes, convirtiéndolo en una autoridad universal en materia de magia y exorcismo.

La Clavícula de Salomón y la tradición medieval

Con el paso de los siglos, el legado del Testamento de Salomón desembocó en una vasta literatura mágica medieval. Entre estas obras destaca la Clavícula de Salomón (Clavicula Salomonis), uno de los grimorios más influyentes de la tradición occidental.

La Clavícula no es un texto de la Antigüedad, sino una compilación medieval que se presenta como heredera directa de la sabiduría salomónica. En ella se sistematizan rituales, consagraciones, círculos mágicos y pentáculos destinados a invocar y controlar espíritus. Aunque su contenido refleja el cristianismo medieval, su autoridad simbólica descansa en el nombre de Salomón, garante de legitimidad y poder.

Este proceso —atribuir textos mágicos a figuras venerables del pasado— no busca engañar, sino inscribir la práctica mágica dentro de una cadena de transmisión sagrada. No es casual que el Testamento de Salomón y los textos derivados de él hayan despertado el interés sostenido de numerosas sociedades iniciáticas y autores ocultistas a lo largo de los siglos. Figuras como Aleister Crowley, profundamente interesado en la magia ceremonial y en la tradición salomónica, estudiaron y reinterpretaron estos textos dentro de nuevos marcos rituales.

En la actualidad, los estudiosos estiman la existencia de alrededor de 150 manuscritos distintos relacionados con el Testamento de Salomón y la literatura salomónica afín, dispersos en bibliotecas y colecciones de todo el mundo. Sin embargo, ninguno de estos manuscritos ha sido reunido ni comparado en su totalidad, lo que convierte a esta tradición en un corpus fragmentario, vivo y en permanente reconstrucción. Esta dispersión textual explica tanto la diversidad de versiones como la continua fascinación que el legado salomónico sigue ejerciendo en el pensamiento esotérico contemporáneo.

Otros artefactos salomónicos y su recepción histórica

Además de los textos, la tradición salomónica se articula en torno a una serie de artefactos simbólicos atribuidos al rey, concebidos como soportes materiales de su sabiduría y poder. Estos objetos, mencionados en fuentes bíblicas, apócrifas y medievales, han despertado el interés persistente de sociedades iniciáticas, ocultistas modernos e incluso de proyectos ideológicos contemporáneos.

El anillo o sello de Salomón

El más célebre de estos artefactos es, sin duda, el anillo de Salomón, ya mencionado por Flavio Josefo (Antigüedades judías, VIII, 2). Este anillo, portador de un sello divino, permitía al rey someter y obligar a los espíritus a revelar sus nombres y funciones. En la tradición posterior, este sello adoptará múltiples formas gráficas y simbólicas, convirtiéndose en uno de los emblemas centrales de la magia ceremonial occidental.

La Mesa de Salomón (Tabula Salomonis)

Menos conocida, pero no menos sugestiva, es la llamada Mesa de Salomón (Tabula Salomonis), un objeto legendario descrito en fuentes medievales judías e islámicas como una mesa de sabiduría o instrumento de conocimiento. En algunas tradiciones se la considera un artefacto capaz de revelar los secretos del cosmos o de servir como soporte para la escritura de nombres divinos.

Este objeto adquirió una notoriedad singular en la época contemporánea debido al interés que despertó en ciertos círculos del régimen nacionalsocialista alemán. En su búsqueda de reliquias asociadas al poder y al conocimiento antiguo, algunos ideólogos nazis mostraron fascinación por la Mesa de Salomón, a la que atribuían un valor simbólico relacionado con la dominación y el saber primordial. Más allá de la propaganda y la especulación, este episodio ilustra cómo los mitos salomónicos siguieron siendo instrumentalizados en contextos muy alejados de su origen.

El pectoral o chaleco de piedras

Otro artefacto asociado indirectamente a Salomón es el pectoral de piedras preciosas, inspirado en el hoshen del sumo sacerdote descrito en el Éxodo (28:15–30). Aunque bíblicamente no se atribuye a Salomón, la tradición esotérica posterior vinculó este objeto al rey como símbolo del conocimiento de las tribus, de los nombres sagrados y del juicio perfecto.

En la literatura mágica y cabalística, las piedras del pectoral fueron reinterpretadas como portadoras de virtudes espirituales y correspondencias cósmicas, reforzando la imagen de Salomón como árbitro entre el cielo y la tierra.

Recepción moderna y ocultismo contemporáneo

Durante los siglos XIX y XX, estos artefactos —reales o legendarios— atrajeron la atención de ocultistas modernos como Aleister Crowley, quien reinterpretó el simbolismo del sello, del anillo y de los instrumentos salomónicos dentro de nuevos sistemas rituales. En este contexto, los objetos dejan de ser reliquias históricas para convertirse en arquetipos operativos, claves simbólicas de un poder que se considera transmisible.

Así, los artefactos salomónicos no deben entenderse únicamente como objetos perdidos o legendarios, sino como expresiones materiales de una idea central: que la sabiduría, para actuar en el mundo, necesita formas, signos y soportes. Es esta convicción la que explica la persistencia del imaginario salomónico a lo largo de los siglos.

Caída y advertencia moral

El Testamento de Salomón no concluye con un triunfo absoluto. Al igual que en la Biblia, Salomón cae: seducido por mujeres extranjeras, introduce la idolatría y pierde el favor divino (cf. 1 Reyes 11:1–10; Nehemías 13:26). Este final cumple una función didáctica: incluso el mayor de los sabios puede sucumbir si se aparta del Principio. Si quieres saber más sobre la caída de Salomón, termina de leer el último artículo de este tríptico aquí: Salomón Parte 3: La Caída.