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Guía del Arte, Cultura Pop y Esoterismo
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La RedacciónFlecha para leer el artículo completo
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Guía del Arte, Cultura Pop y Esoterismo

Escrito por:
La Redacción
En resumen
El esoterismo no vive solo en bibliotecas polvorientas: se cuela en el cine, la música y los parques temáticos. Esta guía recorre la tradición oculta en la cultura pop —de Hollywood a los Beatles, de Disney al rock— distinguiendo la herencia simbólica real del simple decorado y el malentendido popular.

Hay una superstición cómoda que conviene desmontar cuanto antes, y es la de creer que el esoterismo vive encerrado en bibliotecas con olor a humedad, lejos del ruido del mundo. No es así. La tradición oculta se cuela en la pantalla del cine, en la portada de un disco, en el plano de un parque temático. A veces como herencia sincera, otras como simple decorado, y unas cuantas como puro malentendido que el público repite sin comprobar.

Esta guía recorre ese cruce entre el arte popular y lo iniciático sin perder la cabeza por el camino. Separaremos lo documentado de lo imaginado, porque hay diferencia, y mucha, entre un dato de archivo y una leyenda de foro. Quien busque conspiraciones en cada fotograma quedará algo decepcionado. Quien busque historias verdaderas, que ya son bastante raras de por sí, está en el sitio correcto.

Hollywood, la fábrica de sueños (y de símbolos)

Conviene empezar por el principio, y el principio de Hollywood huele a incienso más de lo que se suele admitir. Antes de que el cine fuese una industria, la colina ya atraía a buscadores de lo invisible. En 1912 la Sociedad Teosófica levantó allí Krotona, una pequeña colonia de estudio y meditación en plena Hollywood Hills, años antes de trasladarse a Ojai. Por la misma ciudad anduvo Manly P. Hall, que en 1928 publicó su monumental "Las enseñanzas secretas de todas las épocas" y más tarde fundó la Philosophical Research Society. La meca del entretenimiento nació, pues, con un pie en el plató y otro en el templo.

Esa vieja alianza entre el mundo del espectáculo y las corrientes místicas la tratamos con más calma en Masonería y Teosofía, y su reverso puramente cinematográfico, en Hollywood Esotérico. La cosa, además, no se quedó en los teósofos. Varios de los grandes apellidos del Hollywood clásico figuran en las listas de masones ilustres que circulan desde hace décadas, de productores a estrellas, aunque conviene leer esas listas con la prudencia del que sabe que no todo el que aparece en ellas pisó realmente una logia. Hay nombres de archivo y nombres de inercia. Distinguir unos de otros es media diversión.

El Duke entra en logia: John Wayne, masón tardío

De los casos sólidos, pocos tan sabrosos como el de John Wayne. Marion Robert Morrison, el vaquero de voz cansada que encarnó como nadie cierta idea de América, no se hizo masón de joven ni por moda. Llegó tarde, en 1970, ya con un Óscar por "Valor de ley" bajo el brazo y treinta años de estrellato a la espalda. Recibió sus grados en la Marion McDaniel Lodge nº 56 de Tucson, Arizona, en tres días consecutivos de aquel julio, y de ahí pasó al Rito de York, al grado 32 del Escocés y al Templo de la Shrine Al Malaikah de Los Ángeles. Su padre había sido masón antes que él, y el propio Duke venía del DeMolay desde la adolescencia.

Lo que cuentan quienes compartieron tenida con él es lo más humano del asunto. En la logia, decía, la fama se le caía de encima como un abrigo mojado. Allí no era John Wayne, era un hermano más pasando lista. A veces el secreto mejor guardado de un hombre célebre es, sencillamente, el deseo de que lo dejen en paz un rato.

"Eyes Wide Shut": la última contraseña de Kubrick

Si Wayne representa al masón real dentro de Hollywood, Stanley Kubrick representa al cineasta que convirtió el rito en obsesión estética. Su última película, "Eyes Wide Shut" (1999), no le brotó de la imaginación sin más, sino que adapta "Relato soñado", la novela que Arthur Schnitzler escribió en 1926. De ahí salen la célebre secuencia de la mansión, las máscaras, la contraseña "Fidelio" y ese círculo de figuras encapuchadas oficiando algo que nunca se explica del todo.

Kubrick, que no dejaba ni un fotograma al azar, murió pocos días después de entregar el montaje final. La coincidencia ha alimentado más teorías que toda su filmografía junta. Lo prudente es quedarse con lo cierto, que el director quiso retratar el poder, el deseo y el secreto de las élites como quien describe una ceremonia. Si detrás había una denuncia o sólo el último capricho de un perfeccionista, eso ya lo decide cada espectador con los ojos, nunca mejor dicho, bien abiertos.

Disney: entre el mito y el guiño

Llegamos al terreno minado. Pregunte usted por Walt Disney en cualquier mesa y saldrá, tarde o temprano, lo del masón grado 33. Pues conviene apagar esa vela. No hay un solo documento que sitúe a Disney en una logia. Lo que sí existe, y muy bien acreditado, es su paso por la Orden DeMolay, la organización juvenil patrocinada por la masonería, a la que perteneció de muchacho y a la que siguió agradecido el resto de su vida hasta recibir su Legión de Honor. Una cosa es haber sido DeMolay y otra bien distinta haberse hecho masón. La leyenda confunde ambas con mucha alegría.

El famoso Club 33 de Disneyland, que tantos señalan como prueba definitiva, debe su número a algo bastante menos misterioso: su dirección, el 33 de Royal Street, en New Orleans Square. Eso sí, los guiños existen, y son deliciosos. En Magic Kingdom hay una caja de atrezo con la inscripción "H. Abiff's Working Tools", las herramientas de Hiram Abiff, nombre que cualquier masón reconoce sin necesidad de que se lo expliquen. El homenaje de algún diseñador con oficio, más que la firma de una conspiración.

Para quien quiera bajar a la madriguera del conejo dentro de la casa del ratón, con sus mickeys escondidos y sus lecturas alquímicas de "Fantasía", tenemos un artículo entero dedicado en El Lenguaje Oculto de Disney. Y si lo que le pica es el dichoso número, El Número 33 y la Masonería le ahorrará más de un disgusto en discusiones de sobremesa.

Cuando la música lleva la firma de la Bestia

El cine no tiene la exclusiva. La música popular lleva décadas coqueteando con lo oculto, y aquí los hechos a veces le ganan la mano a la ficción. En la portada de "Sgt. Pepper's" (1967), entre el centenar largo de rostros que los Beatles quisieron a su lado, asoma el de Aleister Crowley, el ocultista más célebre del siglo XX. Ni casualidad ni relleno.

Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin, llevó la fascinación más lejos todavía, pues coleccionó manuscritos de Crowley y compró Boleskine House, la antigua residencia del mago a orillas del lago Ness. David Bowie, por su parte, deslizó a Crowley y a la Golden Dawn en la letra de "Quicksand". La Bestia, ya ve, hizo más carrera muerto que vivo. De esa larga nómina de músicos rozados por el misterio nos ocupamos en Músicos, Cultura Pop y Esoterismo, y del personaje que a todos les sirvió de espejo, en Alister Crowley: Entre la Magia y el Misterio.

Podríamos seguir, que el hilo no se acaba nunca. La literatura tiene su propia genealogía de plumas iniciadas, y a ella le dedicamos Escritores Iniciáticos para quien prefiera cambiar la pantalla por la página. Porque al final todo esto, el cine, la canción, el cuento de hadas, no es más que la vieja costumbre humana de esconder algo sagrado dentro de algo que entretiene. Y mira que se nos sigue dando bien.

Fuentes y cabos sueltos

Para quien quiera tirar del hilo por su cuenta, aquí va de dónde sale cada cosa, sin humo.

Sobre John Wayne, la semblanza del Rito Escocés (NMJ) "An American Freemason: John Wayne" y las propias actas de la Marion McDaniel Lodge nº 56 de Tucson, que aún le celebra el cumpleaños.

Sobre Disney y el DeMolay, el artículo del Rito Escocés (NMJ) "Was Walt Disney a Freemason?", los registros de la Orden DeMolay y la propia carta que Walt dirigió a su capítulo, agradecido de por vida. Son los primeros en desmentir lo del grado 33.

Sobre Kubrick, la novela de Arthur Schnitzler "Relato soñado" (Traumnovelle, 1926), de la que nace "Eyes Wide Shut".

Sobre el Hollywood místico, "Las enseñanzas secretas de todas las épocas" (1928) de Manly P. Hall y la memoria de la colonia teosófica de Krotona en las colinas de Hollywood.

Sobre la música, la portada de "Sgt. Pepper's" (diseño de Peter Blake y Jann Haworth), la Boleskine House de Jimmy Page a orillas del Ness y el Crowley que Bowie deslizó en "Quicksand", de lo que da fe cualquier biografía solvente del rock.

El resto, como siempre, queda al criterio del lector y a la luz de su propia vela.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata esta guía?

Recorre el cruce entre el arte popular —cine, música, parques temáticos— y la tradición iniciática, separando lo documentado de lo imaginado. Su premisa es que el esoterismo no vive encerrado en bibliotecas: se cuela en la cultura pop, a veces como herencia sincera y otras como simple decorado o malentendido.

¿Fue John Wayne masón?

Sí, y es uno de los casos mejor documentados. Se inició tarde, en 1970, en la Marion McDaniel Lodge nº 56 de Tucson, recibiendo los grados en tres días; luego pasó al Rito de York, al grado 32 del Escocés y a la Shrine. Venía del DeMolay y su padre había sido masón antes que él.

¿Era Walt Disney masón de grado 33?

No. No existe ningún documento que lo sitúe en una logia. Lo que sí está acreditado es su paso de joven por la Orden DeMolay, la organización juvenil patrocinada por la masonería. El famoso Club 33 de Disneyland no alude al grado 33, sino a su dirección: el número 33 de Royal Street.

¿Qué relación tiene «Eyes Wide Shut» con el esoterismo?

La última película de Stanley Kubrick (1999) adapta «Relato soñado» de Arthur Schnitzler (1926), de donde salen la mansión, las máscaras y la contraseña «Fidelio». Kubrick quiso retratar el poder, el deseo y el secreto de las élites como una ceremonia; murió pocos días después de entregar el montaje, lo que alimentó innumerables teorías.