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Erling Haaland y el Heimskringla: el futbolista que devolvió a Noruega su libro más sagrado
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Erling Haaland y el Heimskringla: el futbolista que devolvió a Noruega su libro más sagrado
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Erling Haaland y el Heimskringla: el futbolista que devolvió a Noruega su libro más sagrado

Escrito por:
La Redacción
En resumen
En 2023, Erling Haaland donó a Noruega una primera edición del Heimskringla, la crónica de los reyes noruegos escrita por Snorri Sturluson hacia 1230, que había permanecido fuera del país durante siglos. El gesto conecta al delantero de Bryne con la tradición histórica y la memoria colectiva de su pueblo. Más allá del titular deportivo, el acto revela a un futbolista con una relación deliberada y consciente con la identidad escandinava.

El futbolista, el libro y la memoria de los reyes del norte

Hay gestos que trascienden el ámbito en el que se producen y adquieren una dimensión casi simbólica, como si el azar hubiera decidido que determinadas personas carguen con la responsabilidad de custodiar ciertos objetos. Erling Haaland es hoy uno de los deportistas más reconocidos del planeta, un fenómeno que desborda los estadios y coloniza pantallas, titulares y conversaciones en todos los continentes. Su rostro es tan ubicuo como el de cualquier cabeza de Estado o estrella del espectáculo, y sus goles en la Premier League despiertan la misma curiosidad en Oslo que en Buenos Aires o en Tokio. Sin embargo, en el verano de 2023, Haaland hizo algo que ningún algoritmo habría predicho ni ningún asesor de imagen habría diseñado: devolvió a Noruega uno de sus libros más antiguos y más cargados de significado, una primera edición del Heimskringla que había permanecido fuera del país durante siglos.

El Heimskringla es, para Noruega, algo más que un texto histórico. Es el relato fundacional de una identidad, la crónica en prosa nórdica que Snorri Sturluson compuso en Islandia hacia el año 1230 y que recoge las sagas de los reyes noruegos desde los tiempos míticos hasta el siglo XII. El título proviene de las dos primeras palabras del texto, Kringla heimsins, que significan "el orbe del mundo", y esa ambición cosmológica no es accidental: Snorri no estaba escribiendo únicamente historia, estaba construyendo un archivo de la memoria colectiva de un pueblo, tejiendo linajes, batallas, conversiones religiosas y episodios heroicos en una narración continua que justificaba la existencia de una nación. Durante siglos el manuscrito original y sus primeras copias impresas circularon por bibliotecas europeas, colecciones privadas y archivos daneses, alejados del territorio que les había dado sentido. Que ese libro regresara a manos noruegas gracias a un delantero centro de veintitrés años es, cuando menos, una historia que merece ser contada con atención.

Snorri Sturluson y el arte de fundar naciones con palabras

Para entender el peso del gesto de Haaland conviene detenerse en la figura de Snorri Sturluson, uno de los intelectuales más notables de la Europa medieval y, sin duda, el más influyente de la literatura en nórdico antiguo. Nacido en Islandia en 1179 en el seno de una familia poderosa, Snorri fue chieftain, político, poeta y erudito en una época en que esas categorías no se contradecían entre sí. Vivió en la corte noruega, acumuló riqueza y enemigos a partes iguales, y fue asesinado en 1241 por orden del rey Haakon IV, en un episodio que dice mucho sobre cuán peligrosa podía ser la erudición cuando se mezclaba con la política. Antes de su muerte dejó escritas tres obras monumentales: la Edda en prosa, la Heimskringla y la saga de Egil Skallagrimsson. De las tres, la Heimskringla es la que más directamente afecta a la construcción de la identidad noruega.

La crónica se organiza en torno a una galería de reyes, pero hay uno que articula todo el relato con una fuerza particular: Olaf Haraldsson, el rey Olaf II, canonizado como san Olaf tras su muerte en la batalla de Stiklestad en 1030. Snorri retrata a Olaf como el rey que completó la cristianización de Noruega, el soberano que intentó unificar bajo una sola ley y una sola fe a un pueblo fragmentado en tribus, clanes y lealtades locales. La paradoja de Olaf es que fue derrotado y muerto por sus propios nobles en vida, pero su figura se convirtió después en el pegamento narrativo que cohesionó la idea de Noruega como nación. Su tumba en Nidaros, la actual Trondheim, se transformó en el centro espiritual del reino, y la Heimskringla consagró esa imagen para la posteridad. Leer la crónica de Snorri es, en cierto modo, asistir al momento en que un pueblo decide contarse a sí mismo de una manera determinada, con héroes trágicos, paisajes inhóspitos y una fe conquistada a fuego y espada.

Bryne, la identidad local y el peso de los orígenes

Haaland nació en Leeds, donde su padre Alfie jugaba al fútbol, pero creció en Bryne, una localidad del municipio de Time en la región de Rogaland, en la costa sudoeste de Noruega. Bryne tiene unos doce mil habitantes, un club de fútbol modesto donde el propio Erling comenzó su carrera y una identidad que los noruegos asocian con la sencillez rural, la distancia de Oslo y una cierta resistencia al artificio. Que Haaland no haya renegado de ese origen, que siga vinculando su nombre a Bryne incluso cuando el mundo le ofrece identidades más cosmopolitas, es un rasgo de carácter que sus admiradores valoran tanto como sus goles. La donación del Heimskringla no es un acto aislado; encaja en un patrón coherente de alguien que, pese a vivir en la órbita global del fútbol moderno, mantiene una relación deliberada y consciente con sus raíces escandinavas.

Esa conexión con el territorio no es superficial ni decorativa. Rogaland es una región con una historia vikinga densa, y la tradición oral e histórica que rodea a los reyes del norte forma parte del tejido cultural en que crecen los niños de aquella costa. Que Haaland haya desarrollado un interés genuino en la historia medieval noruega, que se haya convertido en coleccionista de volúmenes raros relacionados con esa tradición, revela una faceta que el espectáculo del fútbol contemporáneo rara vez deja ver. El mundo está acostumbrado a conocer a sus ídolos deportivos a través de sus estadísticas, sus contratos y sus publicaciones en redes sociales. Descubrir que uno de los jugadores más seguidos del planeta posee primeras ediciones del siglo XVII de crónicas medievales y decide donarlas a instituciones culturales de su país produce una mezcla de sorpresa y satisfacción que es, en el fondo, una especie de alivio colectivo.

Un icono global con conciencia histórica

La dimensión filantrópica del gesto merece una reflexión independiente. Los deportistas de la élite contemporánea son objeto de escrutinio permanente, y sus acciones fuera del campo se interpretan a través de filtros que van desde la admiración acrítica hasta el cinismo más descarnado. Sin embargo, hay donaciones que resultan difíciles de reducir a estrategia de imagen, y la entrega de un ejemplar tan específico, tan vinculado a la historia de un país concreto, tan alejado del tipo de filantropía que genera cobertura mediática inmediata, sugiere una motivación diferente. Donar fondos a hospitales o academias deportivas produce titulares predecibles; donar una primera edición del Heimskringla es el gesto de alguien que ha reflexionado sobre qué pertenece a quién y ha decidido actuar en consecuencia.

La primera edición impresa de la Heimskringla fue publicada en 1697 en Copenhague por el anticuario islandés Árni Magnusson, bajo el título Heimskringla edr Noregs Konunga Sogor. Durante siglos, como sucedió con buena parte del patrimonio manuscrito e impreso del mundo nórdico, esos volúmenes migraron hacia colecciones privadas distribuidas por Europa. La relación entre Dinamarca y Noruega, marcada por cuatro siglos de unión política que terminó en 1814, explica en parte por qué tanto del patrimonio cultural noruego acabó en manos danesas o disperso por el continente. La recuperación de ese patrimonio ha sido una preocupación constante de las instituciones noruegas, y el hecho de que sea un futbolista, y no un diplomático o un anticuario, quien protagonice uno de esos actos de repatriación cultural, dice algo significativo sobre cómo circula la conciencia histórica en el siglo XXI.

Haaland representa, en este sentido, algo más que un talento deportivo excepcional. Representa la posibilidad de que la fama global y la profundidad intelectual no sean necesariamente incompatibles, de que alguien capaz de arrastrar millones de seguidores en Instagram pueda también sentarse a leer sagas medievales y a reflexionar sobre la identidad de su país. Esa combinación es infrecuente y vale la pena subrayarla sin que ello implique convertir al futbolista en algo que quizás no pretende ser. Basta con reconocer que su gesto amplía el marco en que solemos situar a los iconos del deporte contemporáneo, y que esa ampliación es, en sí misma, culturalmente valiosa.

El rey Olaf y el delantero de Bryne

Hay algo casi poético en la coincidencia nominal entre Olaf Haraldsson, el rey mártir cuya figura vertebra la Heimskringla, y el padre de Erling, Alfie Haaland, cuyo nombre en noruego antiguo habría sido algo parecido. La Heimskringla narra cómo Olaf intentó construir una nación a través de la fuerza y la fe, cómo fue traicionado por los suyos y cómo su derrota en vida se convirtió en victoria póstuma a través de la memoria. La crónica de Snorri es, en última instancia, una meditación sobre cómo los pueblos construyen su identidad no a través de los momentos de triunfo sino a través de los relatos que eligen conservar sobre sus momentos de fracaso y de sacrificio. Que ese libro haya vuelto a Noruega de la mano de alguien que viene de un pueblo pequeño de la costa y que ha decidido que la memoria colectiva de su país importa más que el valor de mercado de un volumen raro, es una historia que Snorri mismo habría sabido contar.

la leyenda

Snorri Sturluson, Heimskringla, traducción al inglés de Lee M. Hollander, University of Texas Press, Austin, 1964. Árni Magnusson (ed.), Heimskringla edr Noregs Konunga Sogor, Copenhague, 1697, primera edición impresa. Sverre Bagge, Society and Politics in Snorri Sturluson's Heimskringla, University of California Press, Berkeley, 1991. Claus Krag, Norges historie fram til 1319, Universitetsforlaget, Oslo, 2000. Regis Boyer, Les Vikings: Histoire et civilisation, Plon, París, 2002. Margaret Clunies Ross, A History of Old Norse Poetry and Poetics, D.S. Brewer, Cambridge, 2005. Jón Karl Helgason, The Rewriting of Njáls Saga: Translation, Ideology and Icelandic Sagas, Multilingual Matters, Clevedon, 1999.

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